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jueves, 9 de octubre de 2008

LOST IN BOSTON

" A place that is, above all, memorable; a city that feeds all the routine sens of touch, sight, sound, but especially, a city that is a sight for de eyes ".

Jane Holt Kay. Lost Boston. 1980.


Este libro es un intento de recuperar por medio de fotografías y testimonios, lo que fue esta maravillosa ciudad desde sus comienzos 1630 hasta 1930. Para que el Boston perdido regrese a los lectores. Algo parecido hizo Joaquín Romero Murube con "Los cielos que perdimos" rememorando una Sevilla con menos espacios abiertos, a medida que se construían grandes edificios que de alguna manera ensombrecian la ciudad.

A mi regreso me he perdido mentalmente en este libro disfrutando de sus fotografías y entendiendo entrecortadas frases del texto. Pero antes me había perdido físicamente durante cinco días en el Boston de hoy, una de las ciudades que más me ha enamorado, como me pasó con Sevilla, la primera vez que la pisé.

Andaba yo buscando alguna frase célebre que resumiera la idea de la satisfacción que nos produce encontrarnos con una situación dichosa sin haberlo planificado antes; la contraria a la que se produce normalmente con las vacaciones o con un viaje planificado con mucho tiempo de antelación. Y las musas me brindaron esta ésta:

" Lo bueno si inesperado dos veces bueno ".

¿No os ocurre en ocasiones que estáis pensando que llegue un día concreto, para disfrutar de un evento, o que comience un viaje que os ha hecho soñar y finalmente no responde a vuestras espectativas? .

Por eso cuando uno se encuentra casi de repente con la posibilidad de viajar a Boston, recibe el don de lo inesperado. Podría haber convertido esa situación en anhelada, imaginándome una y mil veces la ciudad, pensando en lo que haría, en las zonas que visitaría, incluso en alguna excursión a los maravillosos enclaves costeros del estado de Massachusets. Pero esta vez no. Quería ser sorprendido para bien o para mal.

Apresuradamente busqué algún librito que me hiciera compañía y casi milagrosamente encontre " El libro del hombre de bien" de Benjamín Franklin, que precisamente había nacido en Boston en 1720, de alguna manera estaba ya percibiendo "el espíritu norteamericano". Allí se levantaron los primeros colonos dando el primer paso de la Independencia, con los primeros disparos dando lugar a la matanza de 3 de marzo de 1.770; y el famoso "motín del té" en diciembre de 1.773 cuando sus vecinos invadieron por sorpresa tres navios británicos arrojando al mar 343 cajas de té como protesta por el impuesto

Ese estusiasmo contenido antes de pisar la ciudad quizás predispusiera mis sentidos a quedar maravillado, cuando dimos el primer paseo que nos llevo primero a la Public Library y más tarde a cenar en Stephanie´s en Newbury¨s Street, una de las calles mas chics de la ciudad, con edificios bajos estilo inglés, con escapartes elegantes, que combinan con pequeñas terrazas, que dan a la zona un aire entre animado y elegante.

Cuando uno llega a Boston, enseguida tiene la tentación de montarse en los trolleys que permiten subirse y bajarse decenas de veces en cada lugar estrategico o puntos de interés de la ciudad; y a unos pintorescos anfibios que recuerdan a los de la II Guerra Mundial. También, como no, está el tren de San Fernando, que "unas veces va a pie y otras andando". Incluso con esta modalidad se puede también recorrer un circuito histórico, siguiendo una curiosa linea roja, que accede a los sitios históricos de la ciudad. Es el Freedom Trail.

Yo dejándome llevar por lo "inesperado" me propuse comenzar a caminar sin rumbo fijo, sin importarme que realmente me perdiera y estuviera "lost in Boston". Creo que tampoco es mala filosofía esa para visitar una ciudad, dejar que te arrope, que te envuelva, sin intentar dominar la situación. Dejarse llevar por su aire, por sus sonidos, por su gente, saber que cuando el estómago te avise te tienes que parar a comer hasta regresar al hotel. Pero nada más.

Boston además es una ciudad relativamente pequeña que hace que ese "perderse por sus calles" lo sea agradablemente, sin ninguna complicación. Sin pretender "verlo todo" pude acceder a casi todas las zonas "más interesantes de la ciudad".

La primera sensación es la convivencia de distintos estilos arquitectonicos pero de una manera armoniosa. Iglesias neorománicas rodeadas de pequeños jardines se anteponen a los grandes edificios de oficinas, que comenzaron a levantarse en la ciudad a comienzos del siglo XX. Los grandes barrios residenciales de Back Bay, Beacon Hill, South y North End se mantienen con el mismo estilo con el que nacieron.

La pequeña península se comunica con las zonas alejadas del Sea Distric que no llegué a visitar y con Charlestown, pequeña excursión en un pequeño trasbordador desde el embarcadero al pie del "New England Aquarium" pegado a la zona de Atlantic Avenue. El viaje resulta emocionante por la panoramica del "skyline" y la llegada al emblemático Uss.Constitution uno de los legendarios "old ironsides", que fue salvado de la chatarra gracias a la movilización de los vecinos que abrieron una suscripción popular para el proyecto. Desde este distrito resulta una pequeña aventura atravesar Charlestown Brigde, que "tiembla como si estuviese vivo" con el peso de los vehículos que cruzan de uno a otro lado.
Ya en el North End se puede disfrutar de "Little Italy" con locales típicamente italianos que testimonian la importancia de este pueblo en aquélla ciudad. Con su "Old North Churh"; la casa y la plaza de Paul Revere uno de los personajes más famosos de la Historia de la Ciudad debido a sus arriesgadas cabalgatas haciendo de correo en la Guerra de la Independencia.

Sorprende el importante centro de negocios, compuesto por impresionantes edificios de principios de siglo que se ven superados en altura por otros recientes y que nos recordaron enseguida a Nueva York, pero menos intimidatorios. Muy cerca de allí el Faneuil Hall Market Place con coquetas tiendas de souvenirs frente al Quincy Market con decenas de locales de fast food. Nada recomendable para estómagos delicados.Desde el "Old State House" fue leída la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776. Un pequeño pero coqueto edificio que se nos antoja como una casa de muñecas frente a las mastodónticas torres de cristal. Hacia el este a pocos minutos la esquina de King´s Chapel y la ParK Street Church junto al pequeño cementerio "Old Granary Burial Ground" donde permanecen enterrados algunos de los mártires de la guerra frente a los ingleses. Otro de los sentimientos que se respiran en Boston es el respeto por los antepasados, por los grandes mecenas y genios de la ciudad pero también por la enorme cantidad de gente que dio su vida para formar un país independiente. Estos pequeños "cementerios jardines" quedan incorporados a modo de pequeños parques en el mismo centro de la ciudad.

Respeto y seriedad fue lo que me transmitió la "State House" sede de los representantes del Estado de Massachusset. Al entrar en lo que podríamos llamar el "hemiciclo" tuve la sensación no se por qué de que allí la clase politica es más responsable de sus actos y sobre todo más independiente.

Estos últimos sitios de los que os he hablado están ya en la zona de Boston Common que se puede decir que es la semilla de la ciudad, desde donde creció hacia 1630. Antiguo erial pasto del ganado de los primeros colonos hoy es un parque tranquilo fronterizo con la emblemática Beacon Street donde se ubica en mítico Cheer´s lugar sagrado para los amantes de aquella serie y una de las calles más elegantes de la ciudad con mansiones adosadas unas a otras.
Desde esa misma calle más hacia el este y bajando los cruzamos con la impresionante Commonweath Avenue, con las calles Newbury, Boliston y Sant James al pie de la impresionante John Hancock Tower, el edificio más alto de Boston desde su construcción sustituyendo a la mítica Prudential Tower, un sitio excepcional para tomar una panorámica de la ciudad desde el Skywalk Observatory en el piso 52 "The first place to see Boston" aunque yo para ir contra corriente fue el último lugar que visité antes de recoger las maletas.
Boston es vecina de Cambridge donde esta ubicada Harvard University, que no pude visitar. Tampoco otros muchos lugares y rincones de interes como el Museum of Fine Arts que es el santuario de los impresionistas americanos como Sargent. Me hubiera gustado emocionarme en un partido de los Red Sox o de los Celtics y desearía hacerlo dentro de algunos años con mi hijo, si Dios me da salud y fortuna para ello. Hay otros muchos rincones y sensaciones que quedaron en el tintero, perdidos hasta que alguien las quiera rememorar. o

De momento me conformo con cerrar de vez en cuando los ojos y perderme esta vez con la mente en los rincones de aquella maravillosa ciudad.
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