Foto.Estudio Kaulak.Cuando murió mi Madre, el fatídico 29 de mayo de 1.994, mi Padre quiso reunirnos a todos los hermanos en su biblioteca, y tras su mesa de despacho nos pidió que tratáramos de estar serenos en aquéllos trágicos momentos. Fue una lección más, que duró apenas unos minutos. Porque como dicen los sabios la Vida es la más difícil de las asignaturas con las que el hombre se puede enfrentar y muy pocos son los que saben enseñarla. No ví llorar a mi Padre, sólo en ocasiones los ojos se le enrojecían. Su gran amigo don Eustaquio Galán (1), tiempo después nos confesó que cuando hablaba con El tras la muerte de su esposa le decía: - Lola me llama. Y el gran Galán amigablemente le corregía: - Ignacio, Lola no le llama, le espera. Ese diálogo creo que resume toda una filosofía de la Vida y de la Muerte. Mi Padre no podía soportar la pérdida de su esposa, y si bien frente a sus hijos mantenía una gran serenidad para darnos ejemplo, con sus amigos, con sus buenos amigos, mantenía diálogos como el que acabo de reproducir. El pensaba que su misión aquí, con minúsculas, había terminado y que su mujer quería encontrarse con él. Pero el filósofo desde su perspectiva le transmitía la idea de que no había que tener prisa por ese "reencuentro" porque en cualquier caso se produciría cuando El falleciese. Pero quizá a mi Padre no le faltara algo de razón, porque falleció apenas nueve meses después el 12 de marzo del año siguiente. En su cartera, que yo conservo, llevaba esta fotografía que os muestro, con mucha devoción, descorriendo un velo de secreto familiar. No me cabe duda de que en la soledad lloraría al contemplarla. Y esa niña rubia de la que os hablaba ayer se convirtió en una princesa esbelta. Y utilizo el término en el sentido más intemporal que pueda tener y alejado de su significado real y temporal.
(1) Eustaquio Galán y Gutierrez (1910-1999). "Verdadero coloso de la Filosofía del Derecho y de la cultura".
(1) Eustaquio Galán y Gutierrez (1910-1999). "Verdadero coloso de la Filosofía del Derecho y de la cultura".
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******************************** Mis padres se casaron en Madrid el 17 de diciembre de 1.954. Siete meses después Adriano del Valle les regala el ejemplar número 3 de su reciente libro Misa de Alba en Fátima y Gozos de San Isidro (1), con esta bella y sentida dedicatoria:
"A mi queridísima hija Lolita, princesa rubia que encontró en Ignacio su príncipe moreno.
Con el cariño para ambos, de su papá. Adriano.
P.s.
Esta dedicatoria es válida también, con todo cariño, para mi hijo Ignacio.
17 de julio de 1.955"
(1) Editorial Aleto.Colección Papel de Aleluyas.Madrid 1955. "500 ejemplares nuerados a mano impresos sobre papel hijo, de los cuales 50 ejemplares son destinados al autor".
Al filo del alba
se incuba y perfila
el huevo de oro
solar.Las gallinas,
al verlo, alborotan
en las corralizas.
El sol quiebra albores
por las altas cimas
y el campo rebosa
su ternura idílica.
Las que fueron sombras
vuelan fugitivas.
Las palomas miden
cielos y campiñas
del lugar de Fátima
y sus cercanías.
¡La sierra del Aire!
¡La cueva de Iria!
-.-
Adriano del Valle
Misa del Alba en Fátima (fragmento)
