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viernes, 17 de abril de 2009

INEFABLE


Este librito vió la luz un día como hoy del año 1943. En él se recopilan los artículos que su autor publicó en el año anterior, " en el periódico que lleva el nombre de la Ciudad de la Gracia", en la sección quizá más lograda, a juicio del autor del prólogo.
A todos los que sintáis devoción por esta ciudad recomiendo su lectura, si lo pudiéras encontrar. No sé si se habrá vuelto a editar.
Encontraréis visiones, sentimientos, opiniones con un denominador común: amor por la ciudad natal. Periodista, orador y poeta Julio Estefanía del que muchos de vosotros no habréis oído hablar nos traslada a una Sevilla que fué, y que quiere seguir siendo a pesar del tiempo. Porque en este libro como en muchos otros Sevilla parece algo vivo que se comunica con nosotros.
De todos estos "artículos" como se dice en el prólogo he elegido uno EL ENCANTO DE LA CIUDAD que os transcribo en su parte final. Para mí no son artículos son algo más. Son pedazos del alma de su autor, que dejó escritas y que yo hoy recupero en parte para todos vosotros.
En pleno mes de Abril, cuando Sevilla es más apasionante...y aunque estemos lejos.
" Inefable. Creemos que esa es la palabra. Porque sólo llegaremos a decir, sobre Sevilla, una parte, muy limitada de su verdad.
A este respecto, recordamos una reciente y amenísima conversación con que fuímos honrados recientemente. Hablaba en la intimidad uno de los sevillanos que más gloria el han dado a Sevilla. Joaquín Alvarez Quintero. El ilustre comediógrafo nos decía, poco más o menos:
- Es maravilloso este encanto de Sevilla. Todas las tardes- ahora que empiezan a ser magníficas- gusto de soñar por esas calles de Dios. Salgo de casa sin rumbo previo. Me abandono a la divagación. Hoy un barrio cualquiera: mañana otro. Cada calle, cada esquina, cada rincón, tiene siempre algo nuevo para el espíritu y para los ojos. Sevilla es como una hermosa biblioteca, que siempre nos depara algo nuevo que gustar.
Siempre algo nuevo. Quizá este encanto de Sevilla, entre tantos como tiene, es el mejor. Su novedad constante. Es una ciudad milenaria, trabajada por todas las civilizaciones, enamorada de la luz, de la línea y el ritmo. Y, como ciudad sabia y prudente, esencialmente femenina, nos guarda sus múltiples secretos, y los va entregando a quien la ama, parsimoniosamente, uno a uno, con hechizos de huída y de entrega, para que sea más sugestiva en el alma su posesión. Pero no lo olvidemos: Sevilla no se entrega del todo. Ofrece ideales concesiones al que ahonda en su arquitectura de aire y color. Pero siempre queda intacta, virginal, siempre nueva y distinta. Es quizá su secreto. Su secreto dominio. Así la ciudad consigue embrujarnos, seducirnos, esclavizarnos para siempre, como esclaviza un bello amor que comparte lo esquivo con lo atrayente. Sevilla es como el mar. Y como la mujer. Un infinito misterio y un infinito de seducción".

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Julio Estefanía. Atalaya de Sevilla. Prólogo de J.Rodríguez Mateo. 1943. Editorial Alvarez. Sevilla.

martes, 7 de abril de 2009

LA NOCHE TRISTE DE UN NAZARENO SEVILLANO

Sevilla desde la Giralda. Foto Luis Arenas.(1)



Imagino lo duro que tuvo ser para mi abuelo Adriano venirse a vivir a Madrid definitiviamente para decir adiós a Sevilla en el año 1940. En 1923 había iniciado su vida conyugal en Huelva donde nacieron sus siete hijos. Pero entonces seguía teniendo a su ciudad natal muy cerca y regresó con su mujer y sus hijos en 1935. La tristeza de separse del resto de su familia, de sus amigos y su ambiente sevillano no creo que quedara compensada con su nuevo destino. Imagino que sus obligaciones no le dejaron decidir.


Sin embargo no dejó de evocar su ciudad. No sólo en poemas sino también en artículos, ensayos y relatos que fueron apareciendo como testimonio de su amor por la Ciudad de la Gracia, por sus gentes y por sus costumbres que muy poco se deberían parecer a las que encontró en Madrid.


Y entre estos textos particularmente emocionantes nos parecen los dedicados a la Semana Santa Sevillana con la que se sentía especialmente unido como descendiente de Julio Rossi famoso dorador sevillano y como cofrade de Nuestra Señora del Valle.


Os invito a compartir conmigo su alma sevillana, con este fragmento de su relato La Noche Triste de un Nazareno Sevillano publicado el primero de abril de 1944.- (2)-


"Porque, cada año, cuando la Esperanza de la Macarena se asomaba extramuros de Sevilla, el fresco vaho del riego de las huertas, oloroso a la tierra mojada de los bancales y los atanores, la asediaba, la envolvía con la fragancia de su promesa candeal, mientras que el aire finísimo de la mañana depositaba los aromas del campo en las mismas andas de la Virgen, que iba nimbada por otro olor litúrgico y macerado de los turíbulos. El campo, labrado amorosamente, estaba allí, cercano, prometiéndonos el pan nuestro de cada día; y aquí, en su trono célico entre los paramentos de un barroquismo exhaustivo, la Madre del Señor no ignoraba que muchas de las manos encallecidas por el uso de la azada o de la mancera del arado empuñaban ahora algunas de las insignias de la Hermandad y aquellos centenares de cirios que chisporroteaban su luz, votivamente, entre el rumor sordo de la muchedumbre.


Y Enrique recordaba aquél mundo de imágenes entrevistas bajo el terciopelo de du antifaz. Y el desfile a pñaso lento de la Centuria Romana. Desfile de prosopopéyicas armaduras venidas a menos, con sus metales abollados y brillantes, casi emparentados con la hojalata y las cacerolas de aluminio. El aire de la ciudad le traía todos los correveidiles insidiosos. Y a Enrique se le subía el Guadalquivir a la cabeza. Entonces casi sonámbulo, subió a la azotea de su casa, llevando bajo el brazo su túnica y su capirote de nazareno. Allí tenía preparados los mil pormenores necesarios para su atuendo. Medias, zapatos, cíngulo, antifaz... Para su hábito de penitente, con el que ya no podía cumplir su estación anual porque una especie de "ley de Azaña" quería jubilar sus sentimientos católicos creando unas clases pasivas para los nazarenos sevillanos. Y eso no. Para evitarlo, todavía mandaba él en la azotea de su casa. Y en ella allá arriba, sobre los tejados, entre el zureo de los palomos en celo, la ciudad elevaba hasta él la gran pleamar de sus rumores cotidianos, rumores que su imaginación concretaba en aquel eco difuso y ampliamente melodioso de otro Viernes Santo menos sacrílego que aquél. A la mañana siguiente, Enrique,soñoliento aún, según era su costumbre de cada año cuando se despojaba de su túnica, saludaba a sus amigos, pero ahora gritándoles desde su barbería:


- !Azaña no manda, gracias a Dios, en la azotea de mi casa!


! Allí me pasé la noche vestido de nazareno!".


Me ha sido imposible localizar una fotografía de la azotea de aquél barbero sevillano llamado Enrique. Pero he localizado esta otra fotografía de la azotea de su Giralda. (3)


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(1)Fotografía tomada del libro Semana Santa en Sevilla que perteneció a Adriano del Valle. Con introducción y acotaciones literarias de Luis Ortiz Muñoz. Antología Fotográfica de Luis Arenas y prólogo de Joaquín Romero Murube. Madrid 1947.


(2) Publicado en la revista Fotos, número 370. 1-IV-1944. Dedicado a Manuel Esteve Garrido, parroquiano de Enrique. Recogido en Adriano del Valle Antología Necesaria con estudio preliminar de Mercedes García Ramírez. Ediciones Alfar. Sevilla 1992.


(3) "Sobre la panorámica de la ciudad se estampa la azuzena de bronce. Es una de las cuatro flores simbólicas que desde 1751 se yerguen sobre los ángulos de la Giralda". Acotación literaria a la lámina número 1 del libro citado en la nota 1.




jueves, 17 de julio de 2008

HISTORIA DE UNA FOTOGRAFIA.La niña de los rizos de oro y el arlequín.


Foto GRANZMAN.- SEVILLA

Quien se acerque a Adriano del Valle puede conocer que mantuvo con Federico García Lorca una antigua amistad. Los dos poetas se encontraron en Sevilla en el mes de diciembre de 1927, cuando el granadino viajó con otros poetas desde Madrid, para participar en el Homenaje a Góngora en el Ateneo hispalense. Hecho que habría de tenerse en cuenta para la denominación de toda una generación de artistas. Adriano le enseña una fotografía de la segunda de sus hijas y Federico dibuja en el reverso un originalísmo dibujo de un arlequín, donde he creído entrever, en la parte inferior un perfil de su amigo. Javier Herrera apunta:- se ha restablecido el calor-. Se refería a cierto distanciamiento entre los dos poetas cuya relación epistolar había comenzado en "la primavera de la sangre de 1918".
Conocíamos solamente el dibujo de Federico. Pero ni en el artículo de Javier Herrera (1), ni en el Catálogo de la Exposición del Centenario del nacimiento de Adriano del Valle (2) aparece reproducida la fotografía, que creo puede tener interés.
Se da la circunstancia, además de que poco tiempo después, la niña de ojos azules y rizos de oro, reclamada por unos tíos, se separó de sus padres que permanecieron en Huelva con el resto de sus hijos. Pero esto forma parte de otra pequeña historia que quizá algún día pueda contaros con más detalle.

Os confieso que me emociono cuando acudo a la Biblioteca Nacional y puedo tocar con mis manos un original de esa fotografía de mi querida madre, que se encuentra incorporada a un ejemplar único del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca, ilustrado por José Caballero. Y digo único no sólo porque esté emotivamente dedicado a Adriano del Valle por los dos artístas y amigos de antiguo de Adriano. En varias de sus páginas sobre las hojas impresas, José Caballero hizo hermosísimas acuarelas como pequeñas obras de arte dentro del libro, y se incorporan además cartas de los dos, junto con otros documentos interesantísimos y que formar un pequeño universo, digno de ser publicado quizá como ejemplar facsimilar.
Para el que quiera conocer más detalles de ese ejemplar introduzco el enlace: http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/0/x/0/05?format=MANUSCRITO&searchdata1=%28adriano+del+valle%7BGENERAL%7D%29
Imagino la emoción de mi abuelo Adriano al recoger esa fotografía de la mano de su amigo Federico. Mi madre nunca la reclamó y permaneció incluso después de su muerte en casa de mis abuelos hasta la cesión junto con otros manuscritos a la Biblioteca Nacional, donde tratamos inútilmente de rememorar aquél momento, que yo reinvento y se lo relato a mis hijos como si fuera un cuento, pero pasó en Sevilla en el año de 1927.

(1) "Apuntes para la Historia de una amistad"3.Rey Lagarto.Literatura. Año III. 1.991Separata del Número 11-12.
(2) "Adriano del Valle. Antología(1895-1957). Comunidad de Madrid y Fundación El Monte. 1995