Pocas veces los recuerdos de la infancia y juventud se han llevado al cine de forma tan definitiva como lo hizo Giuseppe Tornatore en su famosa película.
Una mirada atrás a la vida que fue; a los primeros sueños, a los primeros juegos, a nuestro primer amor pero sobre todo, a la persona que nunca podremos olvidar, porque nos enseñó todo.
No puedo acertar a decir cuál es mi libro favorito. Pero pocas cosas en la vida tengo tan claras como cuál es mi película.
El destino quiso que fuera la última que vimos mi padre y yo, juntos, mientras compartíamos nuestra última cena.
Es como un último eslabón que me une con El.
En esta reseña, que nos recuerda que el carácter autobiográfico del filme, se ha calificado esta obra como diamante visual. Poniéndole la guinda creo que se trata de un diamante audiovisual, debido al toque magistral del genio de Ennio Morricone. Este enlace del Poder de la Palabra que acabo de descubrir os ayudará a conocerle mejor.
Curiosamente en el mismo momento en que mi Padre se marchó de esta vida, me encontraba yo con mi mujer, una prima y una amiga de Sicilia, llamada.... Giusepina.
Aquélla noche cambió definitivamente mi vida.
