martes, 29 de mayo de 2018

QUERIDA MADRE

Querida Madre: Quiero dedicar unos minutos a recordarte en este día 29 de mayo veinticuatro años después de tu partida. En ocasiones he dicho que cuando una madre fallece es cuando realmente se rompe el cordón umbilical. Porque cuando nacemos los cuidados y la atención que una madre presta a su hijo, hacen que permanezca ese cordón umbilical que ya no es de carne pero que es de cariño y amor. Ese prestar atención, que para Simone Weill es el amor, continúa durante toda nuestra vida. Durante toda mi vida hasta que ya no pudo ser, siempre estabas atenta a mi vida, procurando que no me faltara de nada de lo que una madre puede dar a su hijo. Incluso postrada en la cama cuando pasaba a tu habitación me dedicabas una sonrisa que era para mí un bálsamo dentro de la pena que sentía por tu enfermedad. Hasta las últimas palabras que oí de tu voz, cuando aún en albornoz te quise dar un beso pensando que podía ser el último. Ahora que no puedes oír mi voz, pero que quizás puedas sentirme como yo a ti, sin poder evitar emocionarme quiero arrodillarme ante ti y decirte que pese a que no pudiste conocer a tus nietos, mis hijos, ellos han sacado algunas cosas de ti. Tu elegancia, serenidad, y belleza están presentes en Nacho, Almudena y Cristina que desde muy pequeña me decía que ella era mi hijamadre, cuando le decía lo mucho que se parece a ti. Quiero y necesito sentir tu atención y tu presencia hasta que ya no sea posible. Tu hijo Nacho

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